En la naturaleza, toda la materia que nos rodea está conformada por átomos, desde el aire que respiramos y el suelo que pisamos, hasta dentro de cada célula que compone nuestro cuerpo. Los átomos se unen formando moléculas o redes de átomos (metálicas y cristalinas) siendo los gases nobles (𝐻ₑe, 𝑁e, 𝐴e) los únicos elementos que se encuentran como átomos aislados sin unirse. Las moléculas pueden estar formadas por uniones entre átomos del mismo elemento (𝐻₂, 𝑁₂, 𝑂₂, 𝐹₂, 𝐶l₂, 𝐵r₂, 𝐼₂) o entre átomos de elementos distintos (𝐶𝘖, 𝐶𝑂₂, 𝑆𝑂₂, 𝑁𝑂₂, 𝐻₂𝑂, 𝐻𝘕₃). Además, las moléculas, pueden reaccionar entre sí y formar moléculas más grandes, dando origen a polímeros cuando se unen moléculas iguales (celulosa, caucho, silicatos), o macromoléculas si se unen moléculas distintas (proteínas, polisacáridos, ácidos nucleicos, etc).
Pero… ¿por qué se unen los átomos? Como ya vimos en los Capítulos 2 y 3, la configuración electrónica, es decir la distribución de los electrones de un elemento, se relaciona estrechamente con la posición del elemento en la tabla periódica y con sus propiedades. Los gases nobles, como mencionamos antes, permanecen sin unirse entre sí o a otros elementos, debido a su elevada estabilidad (poca reactividad), por tener completo su último nivel electrónico con 8 electrones (salvo el 𝐻e que completa su orbital 1s con 2 electrones). G. N. Lewis y I. Langmuir formularon una importante explicación: los átomos se combinan para adquirir configuraciones electrónicas más estables como las de los gases nobles. Esta regla es conocida como la “regla del octeto''. Al combinarse los átomos, la disposición resultante de los núcleos y los electrones tiene una energía menor que la energía total de los átomos por separado.
Según lo que ocurra con los electrones, tendremos tres tipos de enlace
- si se comparten electrones entre dos átomos: enlace covalente
- si ocurre una transferencia completa de electrones de un átomo a otro: unión iónica
- si se comparten electrones entre un gran grupo de cationes: unión metálica