Las colecciones están asociadas a la arqueología argentina desde sus orígenes. A partir de las expediciones que los naturalistas viajeros realizaron a las áreas alejadas de los centros urbanos en las últimas décadas del siglo XIX, la conformación de repositorios para albergar un número creciente de piezas arqueológicas fue nucleando la actividad científica que se realizaba en el país. Si bien constituyen uno de los pilares fundamentales de la formación de los primeros museos del país y de la investigación arqueológica, en distintos momentos del devenir de la disciplina las colecciones fueron confinadas al papel de reservorio de objetos, perdiéndose de vista su potencial para la investigación científica.